Claustro

19 de marzo  – 19 de mayo de 2026

La Galería Álvaro Alcázar presenta una nueva exposición de Antonio Murado que propone un paréntesis frente al ruido exterior.

Esta serie de pinturas invita a detener la mirada y encontrar un espacio de recogimiento, donde la percepción deja de perseguir formas concretas y la conciencia puede simplemente habitar el instante.

Son imágenes que no exigen interpretación ni ofrecen resistencia. No narran ni juzgan; simplemente abren un espacio de contemplación que permite una apertura interior. La ausencia de relato funciona aquí como un umbral hacia una percepción más profunda.

La experiencia de sentir el arte nos conecta con la esencia de lo que es ser humano: nos dignifica, nos fortalece y nos da la capacidad de resistir la tiranía de lo inmediato y elevarnos por encima del instinto.

Las obras transforman el espacio que habitan, convirtiéndolo en un lugar de silencio, introspección y cierta espiritualidad.

Antonio Murado desarrolla una producción pictórica situada siempre a caballo entre la figuración y la abstracción, con constantes reminiscencias de la naturaleza. Mediante un sutil juego de transparencias y a través de superficies planas, construye una ilusión espacial que sugiere un ámbito místico e intangible.

En Claustro nos adentramos en un territorio de ensoñación donde la pintura se abre al espectador para que, por un instante, pueda encontrarse consigo mismo.

Catálogo de la exposición

Cloister

March 19th, 2026

On this occasion, Galería Álvaro Alcázar presents eight canvases by Antonio Murado that propose a pause in the face of the noise outside.

This series of paintings invites us to slow our gaze and find a space for introspection, where perception no longer pursues concrete forms and consciousness can simply inhabit the moment.

These are images that do not demand interpretation or offer resistance. They neither narrate nor judge; they simply open a space for contemplation that allows an inner openness. The absence of narrative here functions as a threshold toward a deeper perception.

The experience of feeling art connects us with the essence of what it means to be human: it dignifies us, strengthens us, and gives us the capacity to resist the tyranny of immediacy and rise above instinct.

The works transform the space they inhabit, turning it into a place of silence, introspection, and a certain spirituality.

Antonio Murado develops a pictorial practice that always stands between figuration and abstraction, with constant reminiscences of nature. Through a subtle interplay of transparencies and flat surfaces, he constructs a spatial illusion that suggests a mystical and intangible realm.

In Cloister, we enter a territory of reverie where painting opens itself to the viewer so that, for a moment, they may encounter themselves.