Con motivo de su próxima exposición Umbral entre materia y forma, hablamos con José Cháfer sobre su manera de entender la escultura, su relación con la materia y todo aquello que sucede en el taller antes de que una obra llegue a tomar forma.

El próximo 11 de septiembre inauguras en la Galería Álvaro Alcázar tu nueva exposición, Umbral entre materia y forma. ¿Qué supone para ti este proyecto y en qué momento de tu trayectoria llega? 

Durante años mi investigación ha girado en torno a la búsqueda de la forma: cómo una línea puede ocupar el espacio, cómo una curva puede generar tensión, equilibrio o movimiento. Esa búsqueda sigue estando presente en mi trabajo, pero con “Umbral: entre materia y forma” siento que he intentado dar un paso más. Ya no me interesa únicamente la forma que finalmente aparece, sino todo aquello que sucede antes de que exista.

Hasta ahora, gran parte de mi trabajo tendía hacia una resolución casi total de la escultura. En esta ocasión he querido detenerme un poco antes, permitiendo que el material conserve una presencia mucho más visible. Me interesa que el espectador pueda descubrir no solo la obra terminada, sino también el camino que la hace posible.

No siento que haya cambiado mi lenguaje escultórico. Las curvas siguen siendo el corazón de mi trabajo y continúan hablando de equilibrio, movimiento y continuidad. Lo que ha cambiado es la manera en la que nacen. Antes, las curvas eran el destino de la obra; ahora también son el relato de su origen. Ya no vencen al bloque; nacen del bloque.

Creo que esa es la esencia de esta exposición: hacer visible una conversación que siempre ha existido entre la materia y yo, pero que hasta ahora permanecía casi por completo dentro del taller.

¿Qué va a encontrar el espectador cuando entre en la exposición? Y ¿Qué te gustaría que el visitante se llevara consigo al salir de la exposición? 

Creo que lo primero que encontrará será una invitación a mirar la escultura de otra manera. No solo verá obras terminadas, sino distintas formas de entender el momento en el que una escultura comienza a existir.

En la exposición conviven piezas donde la forma aparece plenamente desarrollada con otras en las que el bloque sigue teniendo una presencia muy importante. Me interesa que el espectador pueda recorrer ese tránsito y descubrir que la materia no desaparece cuando nace la escultura, sino que sigue formando parte de ella. Las curvas continúan siendo el corazón de mi lenguaje, pero ahora muestran con mayor claridad de dónde nacen. Antes eran el destino de la obra; ahora también son el relato de su origen.

Me gustaría que quien visite la exposición sintiera que cada pieza conserva algo de la vida que tenía antes de entrar en el taller. Que pudiera percibir las vetas, las grietas, las texturas o las huellas de las herramientas no como elementos secundarios, sino como parte de la propia obra.

No pretendo que el visitante salga con una respuesta concreta. Ojalá salga con una forma distinta de mirar. Que la próxima vez que vea un tronco, un bloque de piedra o cualquier material natural pueda imaginar todas las posibilidades que todavía permanecen ocultas en su interior. Al final, eso es lo que intento hacer cada vez que entro en el taller: escuchar lo que la materia puede llegar a ser antes de empezar a transformarla.

El concepto central de la muestra es el «umbral»: ese espacio intermedio entre la materia y la forma, entre lo que aún es bloque y lo que empieza a convertirse en escultura. ¿Por qué te interesa especialmente ese estado de transición? 

Porque creo que es ahí donde realmente sucede la escultura.

Durante mucho tiempo entendí el bloque como un punto de partida y la forma como el destino. Pero con los años he empezado a darme cuenta de que lo más interesante ocurre entre ambos. Es en ese momento de transición donde aparecen las dudas, las decisiones, los cambios de dirección y, muchas veces, los mayores descubrimientos.

Ese umbral es un espacio en el que todavía todo es posible. La escultura aún no está completamente definida, pero ya ha comenzado a existir. Me interesa esa incertidumbre porque es el lugar donde el material todavía tiene mucho que decir. Cuando una obra está completamente terminada, muchas de esas conversaciones ya han desaparecido. En cambio, cuando decides detenerte un poco antes, el espectador todavía puede percibirlas.

En esta exposición he querido compartir precisamente ese momento. Mostrar que la escultura no aparece de golpe, sino que va revelándose poco a poco. Que la forma no surge porque yo la imponga, sino porque nace del diálogo continuo con el material.

Creo que, en el fondo, el umbral no habla solo de escultura. Habla de muchos momentos de la vida, de esos espacios de transición que suelen ser inciertos, pero que también son los más fértiles. Quizá por eso me interesan tanto.


Imagen de Jose Cháfer


En tu exposición Cuerpo y Alma hablabas de la necesidad de dar cuerpo a unas formas que hasta entonces habían sido principalmente recorridos, trayectorias o estructuras abiertas. ¿Qué paso más has dado desde aquella exposición hasta las obras que presentas ahora?Creo que Cuerpo y Alma fue el momento en el que sentí la necesidad de que aquellas líneas y recorridos que llevaba años investigando empezaran a adquirir más presencia física. Hasta entonces mi trabajo estaba muy centrado en el movimiento, el vacío y la trayectoria. Con esa exposición quise dar más peso a la materia, hacer que esas formas ocuparan el espacio de una manera más contundente.
Con Umbral entre materia y forma el paso ha sido diferente. Ya no se trata tanto de seguir transformando la forma, sino de cambiar mi manera de mirar el proceso que la hace posible.
Durante mucho tiempo mi atención estaba puesta en la escultura terminada. Hoy me interesa casi tanto el camino como el resultado. Me interesa que el espectador pueda entender que esas curvas, que siempre han estado presentes en mi trabajo, no aparecen de manera espontánea ni son una decisión puramente estética. Nacen de una conversación continua con el material.
Creo que esa es la verdadera evolución. Antes investigaba cómo dar cuerpo a una idea; ahora me interesa mostrar cómo esa idea empieza a cobrar vida dentro del propio bloque. Las curvas siguen siendo el lenguaje con el que me expreso, pero hoy siento la necesidad de que también cuenten la historia de su nacimiento.

¿Ha sido una evolución gradual o hubo un momento en el que sentiste la necesidad de cambiar de dirección?
Ha sido una evolución completamente gradual. De hecho, creo que esta exposición no habría sido posible hace unos años.
Siempre he sentido una gran exigencia hacia mi propio trabajo. Durante mucho tiempo necesitaba llevar las esculturas hasta un grado de resolución muy alto para sentir que estaban realmente terminadas. Mostrar una pieza donde el bloque conservara tanta presencia me habría generado inseguridad.
Con el tiempo he entendido que esa parte del material también forma parte de la obra. No porque esté sin terminar, sino porque cuenta algo que antes yo mismo decidía ocultar. He dejado de ver esas zonas como una falta de acabado para empezar a entenderlas como parte del lenguaje escultórico.
En ese sentido, Umbral entre materia y forma también habla de una transformación personal. Ha supuesto un ejercicio de confianza y, en cierta manera, de valentía. Valentía para aceptar que una obra puede estar terminada sin necesidad de ocultar el camino que la ha hecho posible.
Hoy siento que esas partes más brutas o próximas al bloque no restan fuerza a la escultura; al contrario, le aportan verdad. Son las que permiten entender de dónde nace la forma y hacen visible una conversación con la materia que siempre había existido en mi trabajo, pero que hasta ahora permanecía completamente dentro del taller.
Antes buscaba que el espectador admirara la escultura; ahora me encantaría que pueda comprenderla.
Durante años sentí que terminar una escultura significaba borrar todas las huellas del camino. Hoy creo justamente lo contrario: muchas veces son esas huellas las que contienen la parte más honesta de la obra.

Leyendo el texto de la exposición, da la impresión de que este proyecto es menos una nueva serie de obras y más una nueva manera de entender la escultura. ¿Lo sientes así?No siento que haya cambiado mi manera de entender la escultura de un día para otro. Creo que esta forma de trabajar siempre ha estado presente, aunque de una manera menos consciente. Lo que ha cambiado es mi necesidad de hacerla visible.
Siempre he entendido la escultura como un diálogo con la materia. Nunca he sentido que mi trabajo consistiera únicamente en imponer una forma sobre un bloque. Lo que ocurre es que, hasta ahora, el resultado final ocultaba gran parte de esa conversación.
Con Umbral entre materia y forma he querido que ese diálogo forme parte de la propia obra. Ya no me interesa mostrar solo el lugar al que he llegado, sino también el camino que me ha llevado hasta él. En ese sentido, quizá sí haya una nueva manera de entender la escultura: no como un objeto terminado y autosuficiente, sino como el testimonio visible de una relación entre el artista y el material.
Creo que esta exposición habla de algo que siempre ha estado en mi trabajo, pero que nunca había ocupado el primer plano. Las curvas siguen siendo las mismas. Mi forma de trabajar sigue siendo la talla directa. La intuición continúa guiando muchas de las decisiones. Lo que cambia es el lugar desde el que invito al espectador a mirar. Ya no le pido únicamente que contemple una forma, sino que pueda comprender cómo esa forma ha llegado a existir.


Imagen de las obras de la exposición en el estudio


Una de las ideas más sugerentes de esta exposición es la renuncia a la resolución total de la forma. Hablas de interrumpir deliberadamente el impulso hacia la perfección para permitir que la materia conserve una presencia más visible. ¿Has tenido que luchar contra tu propia formación o contra determinados hábitos adquiridos para dejar que la materia tenga más protagonismo?

Sí, pero sobre todo he tenido que luchar contra mi propia autoexigencia.

Durante años entendí que terminar una escultura significaba llevarla hasta el máximo grado de resolución posible. Era una idea muy interiorizada, no solo por mi formación, sino también por mi propia manera de trabajar. Sentía la necesidad de seguir avanzando y eliminar cualquier rastro que pudiera parecer inacabado.

Con esta exposición me he dado cuenta de que esa necesidad respondía, en parte, a una determinada idea de perfección. Y he querido cuestionarla.

No ha sido fácil. Ha supuesto aprender a detenerme antes, aceptar que una escultura puede estar terminada, aunque conserve zonas donde el bloque sigue teniendo una presencia evidente. Hace unos años habría sentido que esas partes estaban sin resolver. Hoy las entiendo justamente, al contrario: son las que mantienen viva la conversación entre la materia y la forma.

Creo que esta exposición también habla de eso. De comprender que terminar una obra no siempre significa intervenir más. A veces, el gesto más difícil para un escultor es decidir no dar un golpe más.

Practicas la talla directa, una técnica en la que cada decisión es prácticamente irreversible. ¿Cómo convives con la posibilidad del error?

Precisamente creo que esa irreversibilidad es una de las cosas que más me atraen de la talla directa.

Saber que no puedo volver atrás hace que deje de intentar controlarlo todo. Me obliga a estar completamente presente en lo que está ocurriendo en cada momento. No trabajo pensando constantemente en el resultado final, sino en el siguiente gesto, en la siguiente decisión, en cómo está respondiendo el material.

Es una forma de trabajar que me hace fluir mucho. Cada golpe modifica la situación y abre posibilidades nuevas. En lugar de luchar contra eso, intento escuchar lo que la propia pieza me va proponiendo. La escultura deja de ser un plan que ejecuto y se convierte en una conversación que va construyéndose mientras trabajo.

Claro que existen los errores. Pero muchas veces lo que al principio parece un error acaba obligándome a encontrar una solución que nunca habría imaginado. Algunas de las decisiones que más me gustan de mis esculturas han nacido precisamente de esos momentos inesperados.

Por eso disfruto tanto de la talla directa. Me obliga a pensar en el aquí y el ahora. A confiar en la experiencia, en la intuición y en el diálogo con la materia. Creo que esa forma de trabajar también termina quedando reflejada en las propias obras.

En definitiva, siento que La irreversibilidad no me quita libertad; me obliga a estar mucho más presente.

Cuando trabajas una piedra o una madera concreta, ¿qué importancia tienen las vetas, las imperfecciones, las grietas o los accidentes del material en el desarrollo de la obra?

Para mí tienen muchísima importancia porque son parte de la identidad de cada material.

Cuando empiezo una escultura no siento que esté trabajando sobre una materia neutra. Cada bloque tiene una historia escrita en sus vetas, en sus cambios de color, en sus grietas o en las marcas que ha ido acumulando con el paso del tiempo. Todo eso habla de su origen y de cómo ha llegado hasta mí.

Para mi todos estos elementos son una oportunidad. Son precisamente esos accidentes los que hacen que cada pieza sea irrepetible y los que muchas veces terminan orientando decisiones importantes durante el proceso.

Me gusta que la escultura conserve parte de esa memoria. No quiero borrar la identidad del material para imponer la mía. Prefiero que ambas convivan. Creo que la belleza aparece precisamente en ese equilibrio, cuando la obra sigue dejando entrever la historia del bloque del que nació.

Al final, mi trabajo consiste en acompañar esa transformación, no en hacer desaparecer todo lo que existía antes. Creo que honrar el material también significa respetar su pasado y permitir que siga estando presente en la obra terminada.

No me gustaría que el espectador olvide que esa escultura fue, antes que nada, un árbol o una piedra.


Imagen de Jose Cháfer tallando alabastro


En relación la historia del arte, ¿qué artistas o movimientos han sido especialmente importantes en la construcción de tu lenguaje escultórico?

Hay muchos artistas y movimientos de los que me nutro constantemente. Creo que todos estamos recibiendo estímulos de manera continua y, de una forma u otra, todo acaba dejando una huella en nuestra manera de mirar.

Si pienso en escultores que han sido especialmente importantes para mí, sin duda diría Eduardo Chillida o Martín Chirino. Son artistas a los que vuelvo con frecuencia y de los que sigo aprendiendo. También Mariko Mori me interesa mucho por la forma en la que entiende la relación entre la obra, el espacio y la experiencia del espectador.

Pero mis referencias no vienen solo de la escultura. La arquitectura también tiene una presencia muy importante en mi manera de pensar. Por ejemplo, el brutalismo es una corriente que me atrae muchísimo. No creo que su influencia sea todavía evidente en mi trabajo, pero sí siento que muchas de sus ideas llevan tiempo acompañándome.

Lo curioso es que las influencias rara vez aparecen de forma inmediata. Muchas veces hay algo que me obsesiona durante una época, leo sobre ello, lo observo una y otra vez, y después parece desaparecer. Sin embargo, años más tarde descubro que ha ido transformando mi manera de trabajar de una forma completamente inconsciente.

Creo que las influencias más profundas funcionan así. No consisten en parecerse a otros artistas, sino en dejar que ciertas ideas se mezclen con tu propia experiencia hasta que terminan formando parte de tu lenguaje sin que apenas seas consciente de ello.

En un contexto donde existen cada vez más canales de visibilidad, ¿siguen siendo las galerías espacios imprescindibles para un artista?

Desde mi punto de vista, sí. Creo que hoy tenemos la suerte de vivir en un momento en el que un artista puede dar a conocer su trabajo a través de muchos canales. Pero una galería aporta algo completamente diferente.

Una galería no solo expone y vende obra. Aporta criterio, contexto y una mirada externa que ayuda al artista a crecer. Te acompaña en la construcción de una trayectoria, te abre puertas, te pone en contacto con coleccionistas, instituciones y profesionales del sector, y contribuye a consolidar tu trabajo dentro del panorama artístico.

Yo siempre he entendido la relación con una galería como una colaboración a largo plazo.

Por eso creo que, aunque hoy existan muchas formas de ganar visibilidad, el papel de las galerías sigue siendo fundamental. La visibilidad puede conseguirse de muchas maneras; construir una carrera sólida es otra cosa, y ahí el trabajo de una buena galería sigue siendo insustituible.

¿Hay alguna idea, proyecto o investigación que todavía persigas y que aún no hayas conseguido materializar

Sí, muchas, y esto es algo que me ilusiona. Significa que siempre tengo algo hacia lo que avanzar.

Hay proyectos que llevan años acompañándome. Algunos terminan convirtiéndose en esculturas relativamente pronto y otros necesitan mucho más tiempo. No suelo forzar ese proceso. Prefiero dejar que las ideas maduren hasta sentir que realmente ha llegado el momento de desarrollarlas.

Por ejemplo, desde hace tiempo me ronda una investigación relacionada con la naturaleza muerta. Es una idea que me interesa mucho y que probablemente explore en los próximos años, aunque todavía no sé exactamente cómo tomará forma. Y creo que eso también forma parte del proceso creativo.

Lo que sí tengo claro es que me veo haciendo escultura toda la vida. Es mucho más que una profesión; es mi manera de entender el mundo y mi forma de expresarme. Seguramente mi trabajo irá cambiando con los años, igual que cambiaré yo. Mi cuerpo, mis intereses o mis inquietudes serán distintos, y la obra evolucionará con ellos.

¿Cómo te imaginas dentro de diez años?

Me imagino viviendo con calma.

Dentro de diez años me visualizo levantándome cada mañana, como ahora, con ganas de entrar en mi taller y hacer escultura. Para mí esto es el mayor de los privilegios.

También me gustaría haber seguido evolucionando como artista. No tanto por haber alcanzado una meta concreta, sino por sentir que sigo haciéndome preguntas, que todavía me quedan cosas por descubrir y que mi trabajo continúa transformándose de una forma honesta.

No sé exactamente cómo será mi obra dentro de diez años, y eso me gusta. Creo que significará que todavía sigo aprendiendo. Lo único que espero es mantener la curiosidad, la ilusión y las ganas de crear. Mientras conserve eso, sentiré que voy por el buen camino.